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En los Festivales de la Ruta Cultural, los viejos platos de Türkiye salen a la luz

Durante muchos años, en Türkiye la gastronomía se entendió solo como «presentación de platos». Sin embargo, la cuestión de fondo era otra: mantener viva en la mesa la memoria, el pasado y los códigos culturales de un pueblo. Justo en ese punto, los Festivales de la Ruta Cultural organizados por el Ministerio de Cultura y Turismo supusieron un punto de inflexión.

Los festivales, que este año se celebran por tercera vez, llevan dos años logrando que las ciudades se reencuentren no solo con la música o el arte, sino con su historia, su cultura de calle y, sobre todo, con su memoria culinaria. Porque la verdadera identidad de una ciudad no se guarda en los rótulos modernos, sino en las ollas olvidadas.

Durante años, uno de los mayores problemas gastronómicos de Türkiye fue que los platos antiguos no encontraban lugar en los restaurantes. Mientras recetas centenarias intentaban sobrevivir en las cocinas de las casas, las ciudades iban perdiendo poco a poco su carácter culinario. Pero hoy vemos que ese panorama ha empezado a cambiar.

El verdadero logro del festival

Y aquí es donde aparece el verdadero logro de los Festivales de la Ruta Cultural. El festival no se limita a organizar actos: investiga los genes gastronómicos de las ciudades, saca de nuevo a la luz los platos del pasado y anima a los establecimientos a mantener vivo ese legado. Al cabo de dos años, en muchas ciudades de Türkiye ya es posible ver platos antiguos de vuelta en las cartas de los restaurantes.

Yo también he trabajado dentro de este proceso, especialmente para que los platos antiguos de la gastronomía de Adana vuelvan a vivir en los establecimientos. Creí que no bastaba con hablar de las recetas: había que producirlas de verdad. Hice mi parte para que la visión planteada por el Ministerio avanzara conforme a su propósito.

En el punto al que hemos llegado hoy, veo que los establecimientos que producen a la manera antigua y defienden las recetas del pasado van ganando protagonismo. Eso no es solo un éxito gastronómico; es también la memoria cultural poniéndose de nuevo en pie.

El día en que un país pierde los platos de su pasado, empieza también a perder sus historias. Türkiye está volviendo a poner esas historias sobre la mesa.